El pacto de la ficción

16 de julio de 2012 § Deja un comentario

Acaba de salir en EEUU una edición de Farewell to Arms que incluye los 47 finales que Hemingway escribió hasta dar con el que lo convenció finalmente y que por tanto conocemos, Frederic Henry saliendo del hospital bajo la lluvia tras perder a su mujer y al niño que iba a nacer.
Yo no quiero tener esa edición. No la quiero leer. El final que Hemingway escogió, por muchas vueltas que le diera, no es sólo el final de la novela, es el final de esa historia, algo que va más allá del proceso literario y existe en el mundo real de manera autónoma a la voluntad de su autor. Farewell to arms, forma ya parte del mundo como cualquier otra historia de la que uno pueda saber o le puedan contar, sea real o  inventada.
La novela, como el cine narrativo (el que equivale en imagen a lo que es la novela en escritura, como hay cine que se corresponde con la poesía, con el ensayo, con la crónica…), se basan en un pacto entre el narrador y el lector que explica muy bien Juan Gabriel Vásquez,
El pacto de la ficción (por el cual los lectores deciden creer en lo que leerán, incluso a sabiendas de que todo es una gran fabricación) es la cosa más rara que existe.
Raro e inexplicable es sin duda que decidamos creer lo que alguien ha inventado y escrito, que entremos solemos decir, que nos  metamos, y nos logremos emocionar, alegrar, preocupar, entristecer o disfrutar como si fueran reales con lo que sucede a personajes y situaciones que el autor ha conformado. Preocuparnos por qué pueda pasar con Ana Ozores, estar en vilo por la batalla absurda y desmedida que la atribulada tripulación del Pequod tiene que librar con un monstruo marino de proporciones bíblicas, emocionarnos con las aventura de Frodo Baggings a través de la Tierra Media o de Phileas Fogg y Passepartout alrededor del mundo, experimentar la angustia de Marlow en su viaje de búsqueda de Kurtz por el río Congo o del capitán Willard en el suyo del Coronel Kurtz por el Mekong, envidiar la libertad trashumante de Sal Paradise y Dean Moriarty.
Yo entiendo, por supuesto,  que a un estudioso de la literatura le interese saber cómo se escribió una novela, desenvolver el hilo con que fue hilvanada, descubrir su técnica, desentrañar y poner del revés su proceso de creación; saber cuándo se escribió cada capítulo, cada párrafo, cada palabra, en qué pensaba su autor o en qué se inspiró, si estaba  seguro de lo que ponía en el papel y avanzaba a buen ritmo o iba rompiendo páginas y progresando a trompicones. O hasta que el fanático de una novela o el seguidor acérrimo de un autor quieran saber más de un libro de cabecera, con curiosidad que vaya más allá de la experiencia literaria y entre en la del coleccionista o el entomólogo.
Pero a mí nada de todo eso me interesa, lo que el autor no escribió no existe, no es parte de nada, no importa, y es ejercicio vacío y sin sentido elucubrar sobre cuánta consideración le pudo dar a otras líneas que aparezcan guardadas en un cajón o se puedan rastrear en la memoria olvidada de un disco duro o qué otras intenciones pudo tener distintas a lo que dejó en papel o en la pantalla. No hay aquí hipótesis que valgan, no hay textos alternativos, lo que no fue de una novela no es nada, ni siquiera la posibilidad de algo.
El pacto de la ficción sólo funciona si está blindado y uno entra del todo en eso que le cuentan olvidando en seguida que alguien lo ha creado de la nada y que habría por tanto podido sido distinto. Lo que hay es lo que hay; más que eso, lo que hay es lo que es, e introducir elementos de esa otra realidad previa y, sobre todo, ajena rompe el pacto y deshace el hechizo. Yo no quiero saber si novelas que me han emocionado podían haber comenzado de manera diferente a Call me Ishmael, En un lugar de la Mancha de cuyo nombre no quiero acordarme o Muchos años después frente al pelotón de fusilamiento, como no quiero saber, nunca, si podría haber habido finales diferentes en que Don Quijote no muriera, Ahab matara a su ballena blanca, Emma Bovary viviera feliz con uno de sus amantes, el Príncipe Andréi Bolkonski sobreviviera a sus heridas de guerra para casarse por fin con Natasha u Oliveira regresara a París a buscar a La Maga de nuevo por la rue de Seine.
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La fotografía

30 de junio de 2012 § 1 comentario


PHotoEspaña y el Festival de otoño son las dos grandes ocasiones culturales de Madrid que espero todo el año. O que esperaba, porque ahora que el Festival de otoño es en primavera ya no es lo mismo ni dan las mismas ganas de ir. Pero PHotoEspaña sigue siendo en junio (y de fotografía, todavía nadie ha pensado en convertirlo en PHotoEspaña de gastronomía, a la manera del Festival de otoño en primavera) y por eso este es el delicioso mes de la fotografía en Madrid, más ahora que la feria Madridfoto ha cambiado sus fechas, y su sede, y este año acaba de celebrar su cuarta edición en Matadero.
Madrid está fantástica en junio y llena de exposiciones de fotografía.
De las muchas disciplinas del arte, o de eso que llamamos cultura, la fotografía es la que más me inquieta, la que más cuestiones me hace plantearme de modo recurrente. Una de ellas es esta: ¿qué es una fotografía en cuanto objeto? ¿Qué es lo que vemos, qué tenemos entre las manos, qué compran quienes compran fotografía? 
Veo en Madridfoto fotografías que conozco hace años, la célebre emigrante okie de Dorothea Lange, algunas de las más populares de Ramón Masats o de Ouka Leele, retratos de artistas norteamericanos del cine y el rock que ya hemos visto muchas veces y de los que deben de seguirse tirando copias sin pudor alguno.
Y qué más da, me pregunto, si de una foto de Lange, de Masats o Annie Leibovitz se hace una nueva tirada -que si en otro tamaño ahora, que si una edición de aniversario, que si esto si lo otro- si en definitiva seguirá siendo una, LA FOTO, sean cuántas sean las copias que se hagan o que quieran vender una galería, el artista o los herederos y sean cuales sean su formato, las medidas, el tipo de papel…
¿Es la fotografía que vemos colgada en una galería más auténtica o más original -en el sentido que en el ámbito del arte se da a originalcomo opuesto a copia– que esa misma fotografía impresa en el catálogo de la galería o en la invitación a la exposición o recortada de una revista?
Tan reproducción es una, la publicada en miles de números de una revista o en cientos de postales, como la que produce una galería predicando que sólo hay cinco, siete o veinte copias. Toda fotografía que vemos es ya una reproducción: copias las llamamos, aunque sea una sola copia única la que el fotógrafo ha hecho en su laboratorio. Copias con más razón aún si son varias, o hasta cientos hoy que podemos imprimir una fotografía digital cuantas veces queramos. Copias siempre de un original que no existe más que en negativo y no es la foto por tanto tampoco sino algo previo que la predice y la anticipa como en embrión o en proyecto. Copias todas de una misma fotografía que sólo es, y está, una vez se tira y que a partir de ahí seguirá siendo siempre la misma tantas veces como se vuelva a tirar, a imprimir, a copiar, a reproducir.
La fotografía comparte con la composición musical, la literatura o el cine su naturaleza de creación reproducible: sólo si se reproduce –si se imprime, si se interpreta, si se proyecta, si se tiran copias cuantas veces se quiera- existe. La condición de originales algo abstracto, intangible, la obra en sí misma, pura creación que resulta de la inventiva de su autor, tal como define la Academia la acepción de la palabra que nos ocupa:
original.
2. adj. Dicho de una obra científica, artística, literaria o de cualquier otro género: Que resulta de la inventiva de su autor. Escritura, cuadro original.U. t. c. s. m.El original de una escritura, de una estatua.
El Quijote es el Quijote o Cien años de soledad la misma novela de Gabo por muchas ediciones que se hagan y muchos ejemplares que se impriman. No lo son más un incunable, una  primera edición dedicada o el manuscrito siquiera que una edición de bolsillo, y el valor especial, inconmensurable a veces, que pueden tener aquéllos es bibliográfico y no literario.
El Magnificat de Vivaldi es el Magnificat de Vivaldi sea la partitura antigua o reciente y lo cante quien lo cante. Una partitura de época puede tener un enorme valor para coleccionistas, pero no es más auténtica que una reciente y hasta puede que ésta sea más precisa si ha sido fruto de una buena labor de investigación y fijación del texto. Nunca será mejor una versión mal cantada con partitura antigua que una espléndida leída en fotocopias.
Una copia nueva de El espíritu de la colmena es tan El espíritu de la colmena como una de época, o más aún si la de entonces está rayada, gastada o quemada y la de ahora es una impecable copia restaurada.
De la misma forma, dadas ciertas condiciones de calidad que aseguren que las características de la imagen (color, nitidez, brillo…) son las que deben ser, cualquier copia de una fotografía es esa fotografía y si yo tengo colgada en casa una buena reproducción de El beso de Robert Doisneau tengo la misma foto que la que el más cuidadoso coleccionista haya comprado en una galería. La misma. La misma obra de arte, la misma pieza resultante de la inventiva de su autor. Ninguna es más original o más reproducción o copia que la otra. El coleccionista y yo tenemos la misma obra de arte en casa.
Que el papel y la calidad de impresión sean mejores, que se hayan tirado de esa edición cinco, o veinte o cien copias numeradas, que venga incluso firmada por el fotógrafo, son elementos que afectan al precio del objeto físico que contiene la fotografía, pero en nada cambia su sustancia y su valor artístico. Que el fotógrafo o su galerista decidan poner en el mercado un determinado número de copias, darles marchamo de autenticidad y acordar que esas copias valen tanto es una convención que da valor a ese objeto físico pero no convierte a una fotografía en más auténtica o más original que su reproducción en las dos mil invitaciones enviadas por correo, en el catálogo o en la revista Exit.
Antes tal vez, cuando las fotos eran un proceso fotoquímico, se podía pretender que la copia tirada directamente del negativo era más original –aparente contradicción en los términos que tiene que ver con los diferentes significados de originaly copia pero que es llamativa, casi un oxímoron, y dicente a la vez- que otra hecha a partir de esa inicial. Más todavía si el autor la había trabajado e impreso por sí mismo en el laboratorio o dirigido el proceso. Y una copia vintage puede tener un valor especial por su carácter de época, como pueden ser enormes el valor de mercado de la primera edición de un libro o de la partitura antigua de que hablábamos.
Sin embargo, revelada cuando fue tomada o reproducida a partir de una copia original, copia vintage o impresa de nuevo hoy en día, edición numerada de galería y con producción high-tech  y en papel exclusivo o recortada de la portada de una revista, aseguradas esas condiciones de calidad una fotografía es siempre esa fotografía y quien tenga colgado en casa el muy buen cartel que la Fundación ICO hizo de la foto Migrant Mother. Destitute Pea Pickers, Nipomo, California de Dorothea Lange tiene la misma foto que quien posea una copia vintage o una de las nuevas reproducciones numeradas que estaba vendiendo una galería en Madridfoto. Con distinto valor de cambio y distinto precio, sin duda, pero la misma fotografía.

arquitectura española

2 de junio de 2012 § Deja un comentario

La revista británica The Architectural Review dedicaba notoriamente su último número de 2011 a Emerging Architecture, con una bonita portada de una chica con falda blanca atravesando, como Alicia, la pared de la Nobuta House Museum en Amori (Japón); y escogía 16 proyectos en todo el mundo clasificados entre dos ganadores, cuatro finalistas y diez menciones. Una más de las sin duda habituales listas Lo mejor de… que proliferan cada fin de año.
Pero esta tiene una gran peculiaridad. De los dieciséis proyectos, hay uno en Sri Lanka, otro en Tailandia y cuatro en Japón, uno en todo el continente americano (en Michigan, EEUU), uno en Noruega y otro en Estonia y seis en España. ¡Seis! Seis de dieciséis en este país nuestro que en el mapa de Architecture Review se ve tan pequeño y hace que los seis circulitos estén tan apiñados.
Uno de esos seis, está entre los dos ganadores, dos entre los finalistas y tres en las menciones.  He aquí la flamante lista:
 

Juan Creus, Covadonga Carrasco
Remodelación del Puerto, Malpica, La Coruña
Ganador
José María Sánchez García
Centro de remo y piragüismo (Alange, Badajoz)
Finalista
Tomás García Piriz
Centro de Biodiversidad (Loja, Granada)
Finalista
Enrique Krahe Marina
Teatro Municipal (Zafra, Badajoz)
Mención
Zigzag Arquitectura
Vivienda social, Mieres
Iñaqui Carnicero
Tengo tres comentarios, como tres vueltas de tuerca, dos adelante y una atrás.
Primer comentario, por supuesto el alto nivel que continúa teniendo la arquitectura española, que coloca en 2011 nada menos que seis proyectos de jóvenes profesionales entre los mejores escogidos por una prestigiosa revista inglesa que, seguramente, no tiene motivo especial alguno para ser complaciente con lo que pasa en nuestra piel de toro. Ahí deben de estar algunos de los nombres de la nueva generación que continúe los pasos de los Mansilla y Tuñón, Juan Herreros, RCR, Nieto y Sobejano…
Para el segundo comentario necesito explicar el conteo que he hecho. De los 16 proyectos ganadores,
  • seis son privados (una escuela de cine, un colegio, una cueva para niños en un jardín de infancia, el espacio de archivo de un artista, la estructura casi escultórica de una empresa de energía eólica y un pabellón en los jardines botánicos de una universidad);
  •  dos museos en Japón, cuyo carácter, debo confesar, no veo claro; y
  • ocho son claramente públicos: un camino en un bosque en Japón, un centro comunitario en Sri Lanka y los seis españoles.
Es decir, que los seis proyectos españoles son públicos. Los seis. Un centro de remo, un centro de arte, un museo, un teatro municipal, una remodelación urbanística y, menos mal, unas viviendas sociales.
A ver, no quiero quitar ningún mérito a ninguno de esos proyectos, algunos tienen además una pinta maravillosa, como las viviendas sociales en Mieres o la remodelación del Puerto de Malpica; pero cuando el cliente es el sector público las cosas sin duda son algo más fáciles. O mucho más fáciles. Tener seis proyectos entre los mejores de esta lista cuando es el sector público quien comisiona y paga, quien ejerce como cliente (ya sabemos que siempre el sector público es cliente más fácil, más flexible, da más  juego y permite más libertad al arquitecto) es jugar algo con ventaja.
Seguro que el boomde nuestra arquitectura tiene algo que ver con el boom español de estos años, con esta cultura nuestra del despilfarro durante esta negra etapa en que nos hemos creído ricos y famosos y todo quisque se ha puesto a construir en su comunidad, su provincia o su municipio teatros, auditorios, estadios, museos, centros de interpretación (sea eso lo que diablos sea, como diría Millás), archivos y demás equipamientos culturales a mayor gloria sin duda de los políticos de turno y de su foto en los periódicos. ¿La utilidad?, bueno, preguntar por eso era una chorrada. ¿El contenido?, ah, eso ya lo veríamos luego. ¿El presupuesto?, pero si eso nunca ha sido problema… Y así nos ha ido, claro, y tenemos ahora España llena de equipamientos, espantosos artefactos de arquitectos-estrella unos y estupendos edificios de arquitectos estupendos otros, pero poco, o nada, justificados la mayoría y sin demasiada, o ninguna, utilidad ahora.
O sea, quiero decir con todo esto, que nuestra arquitectura ha tenido en estos años algo, o mucho, de subvención encubierta.
Tercer comentario: ¡Ah!, pero qué bueno de todos modos que, dadas esas condiciones, estas formas de ayuda pública y ese frenesí constructivo, de los que ellos además no tienen culpa, nuestros arquitectos sí sean capaces de conseguir el nivel, el prestigio y el buen hacer en su trabajo que los lleva a ganar reconocimientos como éste; que ellos sí hayan sabido aprovechar para desarrollar una obra de gran calidad; que siga habiendo tanto talento y buen hacer entre cierta arquitectura española.
Lo malo es que a la vez no se haya generado en absoluto un campo privado para la buena arquitectura, que las ciudades, mientras tanto, las hayan ampliado ad nauseam constructores, y arquitectos, claro, sin escrúpulos con viviendas de calidad ínfima y sin criterios urbanísticos razonables y muchas sean ahora más monstruosas o desmesuradas que antes. Pero hablar de esto ahora serían otras vueltas de tuerca, hacia atrás, y con las tres anteriores hoy me basta.

The Ship Song Project

19 de enero de 2012 § Deja un comentario

He tenido este blog algo abandonado el año pasado, pero tengo propósito de enmienda y de retomar en 2012. Y para empezar el año, como otras veces, va un regalo.
Una de mis canciones de la vida es The Ship Song, de Nick Cave. Ahora The Sidney Opera House ha llevado a cabo un maravilloso proyecto con ella, cuyo resultado es esta fantástica versión cantada por un buen número de artistas australianos.
John Utzon y Nick Cave juntos.
Feliz año nuevo
J

Hejduk en Santiago

31 de diciembre de 2011 § Deja un comentario

                                                                                                                                                                 foto JAO

                                                                           

                                                      Para V. Ak., quien primero me habló de Hejduk

Soy poco, poquísimo, partidario de los grandes equipamientos culturales que se han multiplicado por nuestro suelo en estos años de locura en que todos nos hemos creído ricos y famosos y cada comunidad, cada ciudad, cada pueblo casi, se creía llamado a tener por supuesto su propio icono arquitectónico, ojalá además de una de las firmas de moda, fueran cuales fuesen, ¡qué tontería esos detalles!, su coste, su programa o su uso posterior. Lo que no quita, desde luego, para que me guste la Ciudad de la Cultura en Santiago y que, ya puestos, me parezca un orgullo tenerla en nuestro suelo.
Hay algo sin embargo en ese enorme complejo que casi está pasando desapercibido frente al carácter colosal de las estructuras de Eisenman (y Andrés Perea) y a mí me parece lo mejor de todo: las dos pequeñas torres de mi querido John Hejduk.
No voy a hacer aquí una semblanza biográfica, para eso debería estar Wikipedia, que en este caso no lo hace demasiado bien, pero escribo a vuelapluma algunos de los datos que tengo en la memoria: uno de los New York Five, como el propio Eisenman que lo ha incorporado a su espacio jacobeo; profesor en Cooper Union al que generaciones de alumnos recuerdan con emoción; creador antes que arquitecto, maravilloso dibujante, poeta, un sabio a la antigua que hizo casi de todo en la arquitectura menos construir.
Apenas dejó en vida un par de edificios, en Berlín, no demasiados buenos siquiera porque lo suyo no era construir, sus diseños eran demasiado visionarios, demasiado poco útiles para nada, demasiado alejados tal vez de las realidades de nuestra vida y anclados en un terreno propio suyo en que arquitectura y poesía se fundían.
Estuvo a punto de ver terminados otros dos, el Centro cívico de la Rua da Triscaen Santiago de Compostela, que proyectó y se había ya comenzado a construir cuando murió en 2000, y el que consideraba su mejor proyecto, la Wall House 2, ideada inicialmente para el campo en Connecticut y que se acabó construyendo en 2001 en Groningen (Holanda).
Me da rabia pensar que viví dos años en NY mientras él todavía estaba vivo y daba clase y hasta era decano en Cooper Union pero yo no sabía quién quien era y nunca fui a escucharlo pese a que vivía al lado y me pasaba la vida en el East Village. Así es la vida, ay, y fue en 2001 cuando supe de él y me fasciné por el arquitecto, el poeta y el personaje.
Tengo varios de sus libros en el primer estante de mi biblioteca de arquitectura, donde están además Le Corbusier, Louis Kahn, Barragán, Tadao Ando, Breuer, Niemeyer y Zumthor, y ahora que los cojo todos y los planto en mi mesa para revisarlos, leer de nuevo sus poemas y mirar los dibujos fantásticos de sus proyectos delirantes y escribir este texto me doy cuenta de cuánto quiero yo a este hombre. No basta que les copie los nombres maravillosos de estos proyectos,
  • Red Cathedral and a Creche of Angels Flew from the Wall,
  • Library for Still Lives,
  • Geometric Flowers,
  • House for the Keeper of the Archives on Persephone,
  • The Still Life Painter´s Complex
  • Two chapels for the dead: Heaven-Hell / Day-Night…
hace falta que los vean para que entiendan de qué hablo.
Uno de esos libros que ahora tengo en mi mesa, Pewter Wings. Golden Horns. Stone Veils, está casi dedicado a España. La introducción dice:
In work and creation one waits . . . Spain informs. The cities I have visited –Madrid, Barcelona, Granada, Valencia, Seville, Santiago de Compostela– have a dry impaction, a haunting aridity . . . all are walking places. All invade the mind . . . warehouses of thought . . . planar rambles, las Ramblas . . . the women of the Prado . . . the ascension path on Alhambra’s cliffs . . . eating celebration on the finger docks off the Valencian coast . . . great/vast park of Seville, dry points of colour flickering under black-green shade trees as the citizens enjoy the day . . . mist of darkness of volumetric silence surrounding the casketed bones of Saint James Compostela . . . a country of solid undulating wavesells . . . one immense still life.1
y hay más dibujos de proyectos con fantásticos nombres españoles,
  • Granada Women,
  • Seville Blue,
  • House on the Spanish Atlantic,
  • Santiago Structures,
  • 24 Andalusian Houses,
  • Seville Structures,
  • Bullfighter’s House,
  • Court House Outside of Cordoba,
  • Cadiz Moment…
De nuevo Santiago de Compostela, una referencia constante en su vida. El libro de poemas Lines no Fire Could Burnno sólo tiene la catedral de Santiago en portada sino una imagen del Santo esculpido en piedra en la primera página. Es un libro de poemas religiosos, el asombro del arquitecto que ya sabe que va a morir pronto ante la maravilla de las construcciones religiosas. Éste es el que más me gusta:
The cellist moved his sound
into the soul of Christ
evoking the agony
and the forgiving
simultaneously
Jesus looked at him
through eyes
of vanishing centuries
and long memories
where the blackness
of tree trunks
were darker than
printers ink
and the sheets of music
contained embalmed sound
Jesus followed the score
and hummed in
all silences
so that the composer
could reflect space
filled with the aroma
of black roses
and sepia women
our lord opened up
the gardens for
the female voice
accompanied by the cellist
and his haunting bow
gliding over the strings
of a mauve heaven
where music had risen
Las dos torres de Santiago Structures son el único de los proyectos de Pewter Wings… que aparece con idea de ser construido, con sus planos de planta, alzado y hasta del terreno, los del parque de Belvís para el que habían sido concebidas como torres botánicas. Nunca se hicieron y Eisenman las recuperó para la Ciudad de la Cultura, ya sin adecuación al nuevo sitio ni uso alguno que les diera sentido.
Me emocionó visitar la Ciudad de la Cultura y encontrármelas ahí, como a trasmano y quien no quiere la cosa, con ese aire de inacabadas que tienen y, sobre todo, esa absoluta inutilida y falta de sentido que tanto les convienen porque así, inútiles y sin sentido práctico, son los edificios de Hejduk, surgidos de una voluntad diferente y propia que comparte la materia de que está hecha la poesía.
Ahora las llaman Torres Hejduk, un feo nombre propio de estos tiempos nuestros de arquitectos-estrella a los que se pide edificios por el ansía fetichista de contar con sus nombres, Centro Niemeyer, Edificio Nouvel… como si a la capilla en Ronchamp se la hubiera llamado Capilla Corbusiero a la Catedral de Santiago Edificio Mateo.
Hay que ir a Santiago a ver a Hejduk.
1 Cómo traducir esta última frase intraducible cuando en inglés o en alemán se llama still life (literalmente “vida en reposo”) a lo que nosotros o los franceses llamamos “naturaleza muerta”.

comentarios sobre lo que veo, leo, oigo

11 de diciembre de 2011 § 1 comentario

Talita se corrió un poco en la cama y se apoyó contra Traveler. Sabía que estaba otra vez de su lado, que no se había ahogado, que él la estaba sosteniendo a flor de agua y que en el fondo era una lástima, una maravillosa lástima. Los dos lo sintieron en el mismo instante, y resbalaron el uno hacia el otro como para caer en ellos mismos, en la tierra común donde las palabras y las caricias y las bocas los envolvían como la circunferencia al círculo, esas metáforas tranquilizadoras, esa vieja tristeza satisfecha de volver a ser el de siempre, de continuar, de mantenerse a flote contra viento y marea, contra el llamado y la caída.

(Julio Cortázar, Rayuela)

Arte contemporáneo y texto (2)

24 de mayo de 2011 § 2 comentarios

Como me gustan las polémicas culturales francesas (entre nosotros no hay polémicas culturales) me sirvo de la más reciente para seguir con la reflexión en que ando erre que erre sobre el texto como parte integral de la obra de arte.
La polémica es la siguiente: La Pléiade acaba de publicar dos tomos con la Obra de Milan Kundera. Así, la Obra (Œuvre) en singular, y no Las obras. Ello porque Kundera se ha empeñado en controlar el proceso y decidir qué se publica y qué expurga, cómo se publica y cómo, en consecuencia, va a quedar para la posteridad, sin notas, borradores ni aparato crítico. Sólo las obras –la obra- del autor tal como él la quiere, la reconoce y quiere fijarla. Y, ay, he ahí la madre de la disputa. Unos cuantos académicos de la universidad de Lausana se han venido lanza en ristre a decir que qué es eso, cómo se les ocurre, cómo puede La Pléiade publicar la obra de un autor sin incorporar el aparato crítico como parte integrante de la edición. ¿La obra del autor tal cual, sin que ellos la completen?, ¡qué insolencia!, ¡qué regresión!: “Les historiens et philologues assisteront-ils, médusés, à cette opération commerciale qui entraîne dans son sillage la dévaluation cynique de leurs méthodes et de leurs savoirs ?”
Y a continuación Alain Finkielkraut y otros intelectuales se han ido a su vez en diatriba contra los académicos obsesionados por que los textos se publiquen acompañados de accesorios ajenos a la obra pura y dura ad maiorem gloriam de sus elucubraciones y sus currículums.
Esta polémica me interesa por dos cosas. Una no viene ahora al caso, la distinción que me obsesiona entre intelectual frente al académico. Ya he escrito antes sobre esto y lo seguiré haciendo.
Lo que ahora sí viene al caso es la comparación con lo que pasa en el arte: el texto como algo especificativo y sine qua non que determina el contenido de una obra y lo fija, y no como algo explicativo y accesorio. No sé si hoy se estudia en los colegios eso que yo sí estudié en mis tiempos, la diferencia entre subordinados explicativos y especificativos, entre Coge el coche, que está en la esquina y Coge el coche que está en la esquina. El texto en torno a la literatura, a la arquitectura, a las artes escénicas o a la música, a las artes plásticas hasta cierto momento histórico, es explicativo: añade, ayuda, modifica la comprensión, o lo pretende al menos, gira alrededor. El texto en las artes actuales, en lo que llamamos arte contemporáneo, es especificativo en cambio, define la obra, conforma su significado y es por tanto parte de ella.
Los profesores de literatura de Lausana quieren que su aportación académica sea parte constitutiva de la obra literaria y como tal permanezca en la Pléiade. O sea, lo que ocurre en el arte contemporáneo sin que a nadie le parezca raro ni haya polémicas: cómo imaginar hoy la obra de arte contemporáneo sin su discurso y su texto.
De este carácter integral del texto se derivan consecuencias sobre las que ya me había comprometido a escribir en estos días y prometo hacer en la próxima de estas cartas.
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